Hemos convivido con Alexa y le hemos dado acceso a la domótica de casa, te explico nuestra expleriencia

Publicado el 2 de enero de 2021
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Mi casa, domótica y Alexa

Después de convivir con el altavoz de Google decidimos probar el altavoz estrella de Amazon y su asistente virtual Alexa. Concretamente compré el Echo Dot de 4ª generación, de color blanco muy chulo. Había una oferta y me costó 29,99€.

Ya han pasado seis meses de aquello y, de la misma forma que hice con Google, ha llegado el momento de hacer una valoración de la experiencia.

Alexa, el asistente virtual de Amazon

Amazon lanzó su asistente virtual en 2014 junto con su primera generación de altavoces inteligentes.

No estoy en condiciones de juzgar la evolución porque nunca he sido muy fan de ceder mis hábitos de vida a las grandes empresas, sin embargo, aquí me tienes, escribiendo un artículo sobre mi experiencia de uso.

Del altavoz puedo contarte que la 4ª generación viene en dos modelos: uno con reloj incorporado y otro sin él.

En el momento de escribir este post hay una diferencia de 25€ entre ellos.

Como mi intención no era utilizarlo en la mesita de noche, opté por la versión “simple”.

Como te comentaba, no puedo juzgar si ha existido alguna evolución en Alexa desde su lanzamiento, pero lo que sí puedo hacer es contarte mi experiencia y la de mi familia con este asistente virtual.

Puesta en marcha del altavoz

El altavoz me llegó el mismo día de pedirlo, se nota cuando a Amazon le interesa quedar bien.

Después de instalar la App en el móvil y configurarla siguiendo las instrucciones, quedó en funcionamiento a falta de integrarlo en el sistema domótico de mi casa.

Antes de hacerlo pude verificar que Alexa reconocía casi todos los gadgets que tengo en casa.

Y esto es algo bueno ya que, si no tienes un sistema central en casa, puedes utilizarlos igualmente.

Para la integración he tenido que instalar un par de Skills (así se llaman las App de integración) y dar los permisos de acceso correspondientes.

Una vez terminado, Alexa comenzó a recitar una larga lista de “dispositivos descubiertos”.

Empezando a conversar

Lo primero que le dije al asistente fue “Alexa, enciende las luces del salón” y su respuesta fue “Hay varios dispositivos con el nombre salón, ¿a cuál de ellos te refieres?” mi cara de circunstancia fue de foto.

Durante los siguientes minutos el desconcierto fue en aumento, ya que acabábamos de salir de una relación de seis meses con el altavoz de Google y esperábamos tener el mismo trato.

Sin embargo, Alexa es más inocente.

En los dos días siguientes, mi familia y yo fuimos preguntando cosas al azar, pidiendo que encendiera una luz o que cerrase una persiana.

Inteligencia programada

En ese tiempo y, antes de desesperarme, comencé a organizar todos los dispositivos (que ya están bien ordenados en mi sistema) en base a su ubicación, por estancias y por tipología.

Alexa necesita que los dispositivos estén en grupos y una vez los tienes bien clasificados ya puedes pedirle que haga acciones para todo un grupo, por ejemplo la frase “Alexa, enciende las luces del salón” ya tiene sentido y funciona, se toma su tiempo… pero al final ejecuta la acción.

También he tenido que replicar escenas o automatizaciones.

Por ejemplo, en casa tengo identificadas dos muy claras:

  1. Siempre que vamos a cenar apagamos todas las luces del salón, la TV y encendemos la radio.
  2. Cuando acabamos de cenar apagamos la radio, encendemos una luz secundaria del salón y apagamos la luz de la cocina.

Estas dos rutinas las ejecutamos siempre, cada día, y por ello quería que el asistente las conociera.

Ahora cada noche anunciamos “Alexa, vamos a cenar” para invocar el primer escenario, y luego “Alexa, ya hemos cenado” para el segundo.

Un par de cosas buenas

Tengo que destacar la cercanía en el trato diario que uno puede tener con el asistente virtual.

El hecho de llamarlo por su nombre hace que la situación no sea tan fría.

Parece una tontería, pero cuando dices  “Oye Siri” o “Hey Google” tienes una distancia social muy bien diferenciada.

Eres tú hablándole a una cosa.

Sin embargo, con Alexa esa sensación se diluye y al poco tiempo empiezas a hablarle de una forma más cercana: “Alexa, ¿hace frío?” o “Alexa, apaga todo porfa”.

Lo malo es que hay veces que no te entiende.

Algunas cosas no tan buenas

También hay cosas que me complican la vida, no puedo pedirle dos acciones seguidas.

Por ejemplo “Alexa, apaga la luz y enciende la radio”, esto es demasiado y siempre se queda con la última petición: “enciende la radio”

Otra comando que no he podido replicar es: “Alexa, apaga las luces en dos minutos”.

Esta instrucción la usábamos muchísimo en casa cuando nos íbamos a dormir, sin embargo, ahora la única opción que tengo es encender la luz de la habitación y apagar “todo el salón” mediante otra petición o desde el móvil.

Conclusión

Para terminar debo decir que en general funciona como se espera.

Al principio me decepcionó un poco por tener que configurar uno a uno los dispositivos que ya están configurados en mi sistema domótico.

Aunque quizás esto no es problema directamente de Alexa, sino más bien de la skill de conexión.

Pero una vez superado este tema, la convivencia fluye bien.

Hay algunos comandos que no los reconoce a la primera, pero son pocos.

Sin embargo, entiende al mayor de mis hijos que tiene 5 años y su pronunciación todavía no está desarrollada.

Y tú ¿convives con Alexa?

Cuéntame cómo lo llevas, quizás puedas darme algún tip que desconozca ¡Te lo agradeceré!

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